Correr sin competir, ¿te pierdes algo?

No todos los corredores entrenan regularmente persiguiendo una marca en una competición. También los hay que corren sin competir. Buscan salud, estar en forma u otras cosas. ¿Pero qué puede tener eso de competir que te estás perdiendo si no lo haces? ¿Qué riesgos tiene correr sin competir?

correr sin competir

Puede ser que un corredor no sienta la llamada de la competición. O que solo se esté planteando empezar a correr y eso de la competición lo vea lejano o sin motivación. En general, el motor de estos corredores suele ser más mejorar su forma, cuidar su salud y/o despejarse mentalmente. Incluso tener un espacio en el día para él mismo.

Y a ver, que esto también está bien.

Se puede ser corredor sin competir.

Pero también hay que tener en cuenta lo que te dan las carreras (y que quizá ha enganchado a muchos que no pensaban en competir) y los beneficios que te estás perdiendo por no competir.

 

No verle valor a competir

 
Cuando partes de la idea de correr por salud, puede ser que una cifra en el crono no sea tu mayor aliciente. O cruzar una línea de meta. Sobre todo si no lo has hecho nunca.

La cuestión es que cuando desarrollamos cualquier actividad que nos implica un esfuerzo, en cierto modo esperamos una recompensa o sentir que ha merecido la pena. Ya sea cuando entregas un informe a un cliente o cuando corres 5 kilómetros.

Ya me extrañaría que no buscaras de algún modo en tu entrenamiento habitual ver algún tipo de superación: correr durante más tiempo, más distancia, más rápido, con un circuito más difícil…

Pero puede ser que una carrera la veas como algo para el que tiene espíritu competitivo o quiere, por ejemplo, demostrar algo a alguien (o a sí mismo). Entonces tú, que no eres de estas cosas, no le ves mucho sentido a las carreras.

Aunque si sí le has visto sentido a correr, igual estás pasando por alto algo más. Porque todo está muy relacionado.

 

Alicientes de competir (incluso para ti)

 
La carrera en sí misma, no importa nada. Ni el podio, ni la marca.

La carrera es solo un medio.

Es la manera de conseguir empujar tus límites más allá. Sí, más allá de lo que lo harás solo entrenando. Aunque no lo creas.

Al final, de esto va correr y plantearse retos.

Cuando solo entrenas sin competición en el horizonte, tu manera de exigirte entrenando es otra. Tu compromiso también.

No es lo mismo que tu cabeza dibuje de manera clara ese objetivo que persigues, que que haya un vacío constante y continuo. Sin ese faro en el horizonte, la motivación y dedicación de esfuerzo es más volátil.

Pero vale, podrías marcarte un objetivo dentro del propio entrenamiento como hacer tú mismo 10 kilómetros en 50 minutos.

Lo que pasa es que hay algo que el que ha competido alguna vez sabe muy bien.

Tú no eres el mismo entrenando que compitiendo.

En carrera eres capaz de dar mucho más de lo que te creías capaz. Y acabar sorprendiéndote.

No es lo mismo correr en el contexto de tu entorno habitual y tú solo, que hacerlo en el ambiente de una carrera. Ahí, es como si algo te transformara para llevarte a otro ritmo y con otras ganas.

Eso no quita que llegue una parte final en la carrera en que vayas cansado y sufriendo. Pero mientras entrenando sería más fácil que decidieras parar o bajar mucho el ritmo, en carrera no te lo permites. La tendencia a seguir luchando es mayor que cuando estás tu solo entrenando.

Ese contexto en el que estás embebido saca algo más de ti.

Pero todavía hay más.

Los propios entrenamientos no se hacen igual sabiendo que te espera una carrera unas semanas más adelante que cuando solo entrenas una semana tras otra. Así puedes entrenar igual. Si hay carrera allá al fondo, te preocuparás más por seguir una mejor planificación de entrenamiento y eso implica también exigirte más entrenando.

Lo que nos lleva de nuevo a servir en bandeja que te esfuerces más en empujar tus límites. Y te diría que esto, es un poco el fin último que buscamos como personas. Crecer. Eso da felicidad.

 

El riesgo de no competir

 
Si compitiendo te obligas a empujar más tus límites y acabas disfrutando de ese resultado, sin competir es más fácil que dejes de acercarte a tus límites.

Cuando pierdes ese faro dibujado en tu mente, actúas de otra manera. Es más fácil que te saltes entrenamientos, los abandones o vayas rebajando su exigencia.

Pero te explico, que esto no pasa de golpe en muchos casos. Es aquí donde está el problema. Va pasando de manera casi invisible.

Es como que un día haces un poco menos. Podría no pasar nada por un día pero es que casi seguro que habrá otro en que también te lo permitas. Ya le has creado ese precedente a tu mente y total, no ha pasado nada. Porque la pérdida de forma no la vas a ver de un día para otro.

Así como de manera casi imperceptible, te acomodas en ir bajando exigencias. Hasta que llega un día en que la suma de muchas pequeñas bajadas de exigencia se convierten en una bajada de forma más que perceptible.

Eso desmotiva.

Quizá intentas volver a exigirte para mejorar de nuevo pero tienes el precedente creado de la bajada de exigencia y te costará más vencerlo. Más aún si le sumas que tu motivación está baja.

Es difícil mantener durante un largo periodo una mejora de forma, aunque sea poco a poco, sin competir.

La diferencia es que cuando recoges el resultado de la carrera y te ves que has conseguido una gran superación (porque será mayor que la que harías tú solo entrenando), te empiezas a enganchar. Quieres seguir sintiendo esa satisfacción y orgullo que se ha reflejado en ese resultado.

Con lo que empezarás a pensar en otras competiciones. Esto te lleva entonces a un ciclo contrario al anterior. En lugar de que haya pequeños empujes hacia abajo, son pequeños impulsos hacia arriba. Lo cual engancha y te lleva a querer más y más.

Es más fácil mantener así la motivación, exigencia y sensación de que de verdad merece la pena.

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Lo miraré, dame ese ebook.
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