¿Competir primando disfrute o resultados?

Con esto de competir hay a quien le gustaría hacerlo cada fin de semana y quien prefiere ir más espaciado y apostar más en cada carrera. Puedes engancharte a la adrenalina y ambiente de competir o perseguir dar la estocada en cada carrera que hagas. ¿Es mejor uno u otro camino? ¿Qué repercusión tendría en tu evolución cada una de estas vías?

competir

No todas las distancias son competibles cada poco tiempo, una o dos semanas. Pero sí que croses o carreras de 5 o 10 kilómetros se pueden hacer con más frecuencia.

Ya entrar en hacer medias maratones cada 3 o 4 semanas o maratones cada 2 meses, implica un periodo de preparación demasiado corto. Insuficiente para preparar y recuperar bien la prueba.

Para el que disfruta del ambiente de la carrera y de exprimirse o probarse cada poco, una oferta de carreras regulares resulta muy tentadora. Podrías competir más de una vez al mes fácilmente.

Esto puede estar muy bien para tu disfrute, pero entran en cuestión otras posibles repercusiones.

 

Dos posibles caminos y distinto calendario de competiciones

 
El primer principio que entra en juego para organizar tu calendario de competiciones tiene que ver con cuadrar tiempo de preparación y recuperación de cada carrera. Pero claro, esto si buscas competir bien preparado y dando tu máximo en cada prueba.

Si lo que persigues es competir sin prepararte todo lo necesario pero disfrutar del momento, igual no te importa tanto respetar tiempos de preparación y recuperación. Aquí está más esa filosofía de competir como entrenamiento en oposición a la del otro perfil que cuando se cuelga un dorsal sale siempre a buscar dar su máximo.

Si estás en el segundo grupo, tu calendario tendrá menos competiciones y seguramente con mejores resultados. A diferencia del calendario del primero que estará plagado de carreras.

El criterio para construir el calendario de carreras de uno, se basa en cuadrar ciclos. El del otro, puede tener más que ver con la oferta de carreras próximas a su zona de residencia o con limitarse a competir en distancias más cortas para tener más fácil encadenar más competiciones.

Pero la pieza angular que se esconde detrás, es la filosofía que conlleva o se desencadena en cada caso.

 

El caso del que le gusta competir con alta frecuencia

 
La cuestión es, quien prefiere competir con mucha frecuencia, ¿está entrando en una dinámica de competencia? De competir consigo mismo o quizá de compararse con otros.

Y si fuera por ahí la cosa, ¿hasta dónde puede empujarte esa espiral?

Es decir, igual compites en tus primeras carreras consiguiendo marcas que te dejan satisfecho. Pero luego sigues compitiendo y compitiendo con mayor frecuencia. Te entra el ansia de ver cuanto antes resultados y vas acelerando y acelerando el proceso. Compitiendo más y más y ansiando ver cuándo se para el crono.

Siempre al principio de tu trayectoria es más fácil ver mejora de marcas, pero llega un momento en que eso se complica. Se necesita más esfuerzo y exigencia o cambios en el sistema de entrenamiento para seguir progresando.

Si llegado este punto, resulta que no tienes tanto tiempo de preparación entre carreras, es más difícil ver mejoras. Porque al fin y al cabo, una competición impacta en tu plan de entrenamiento. Menos, las de menor distancia, pero cuanto más distancia o más exigencia personal, más impacto.

Entonces ves cierto freno en tu progresión (incluso retroceso si ya vas demasiado exigido).

Depende de cuál haya sido tu motivación para esa alta frecuencia de carreras, puedes caer en más o menos frustración. Si perseguías testear tu progreso o habías entrado en modo competitivo, es probable que sientas frustración.

Si en cambio, simplemente tu postura era disfrutar del ambiente y te daba más igual la marca, puedes quedarte con mantener la frecuencia competitiva olvidándote de marcas. Siempre que alcances una dosificación adecuada para que la combinación exigencia-recuperación permita disfrutar sin disparar el riesgo de lesiones.

Así que, una alta frecuencia competitiva pone en la balanza saber gestionar si predomina el disfrute o te estás arrastrando a un marco competitivo que desencadene en frustración.

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Sí, quizá sea útil

 

El caso de ser comedido en carreras

 
El otro perfil apuesta por ir más despacito y con buena letra. Competir menos a cambio de una exigencia, en principio, más alta.

Esto supone que cada carrera se prepara a conciencia.

Se permite un tiempo suficiente de recuperación y de vuelta a la carga gradual para preparar otra competición. Prácticamente las carreras que se hace son objetivo o test, aunque de vez en cuando pueda surgir alguna menor por divertimento.

Detrás de esta filosofía se fragua más una visión de buscar una progresión más larga como corredor. Esa pausa de dosificación competitiva permite exigirse más entrenando para llegar en un punto más alto de forma al día de la competición.

De algún modo, este camino es más propicio para que consigas ver ciertas mejoras de marca continuamente. El efecto colateral de esto, es mantenerte más tiempo motivado y por tanto entrenando y compitiendo. Frente a la otra vía más competitiva que puede quemarte más rápido.

Elegir una vía u otra es una elección personal.

Forzar a alguien que prefiere competir menos pero rendir más en carrera a tomar la otra vía, puede hacerle esto de correr un suplicio e invitarle a dejarlo para siempre.

De la misma manera, alguien que disfruta de competir en una y otra carrera, puede sufrir y dejar de disfrutar de correr si tiene que frenar mucho sus ganas competitivas. Lo cual no quiere decir que igual, si se excede, sí necesite frenarse algo por el propio riesgo de lesión. Y quizá de frustración temprana y también abandono de este deporte.

Al final, es poner pros y contras sobre la mesa y tomar el camino que mejor encaja contigo entendiendo cada uno y asumiendo las consecuencias de tu elección.
 

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