Lo que sacrifiqué para llegar a lo más alto del atletismo

Por Toni Peña

Toni Peña juegos olímpicos

 

La carrera de un deportista profesional formando parte de la élite del atletismo, no es muy larga, aparentemente, unos pocos años de tu juventud, pero se viene forjando con los sacrificios y esfuerzos de los años anteriores. Para esto existen los CAR, Centros de Alto Rendimiento, por los que muchos chavales y jóvenes pasamos cuando apostamos por nuestro sueño deportivo. Somos separados de nuestra familia y nuestro entorno para formar parte de una nueva rutina en la que la presión y exigencia están a la orden del día. Pero lo hacemos con la mirada puesta en alcanzar nuestro sueño, aunque son muchos los que se quedan en el camino.

Para mí, todo empezó hace unos 25 años. Vivía en Mallorca,  destacaba en TODAS las pruebas de atletismo de fondo que había en la Comunidad y veía que Mallorca ya no podía ofrecerme más.  Por aquel entonces sólo había una pista de atletismo y poca cultura deportiva.  Entrenaba con un entrenador que había estudiado en Madrid y conocido de primera mano la élite del atletismo nacional a través de Julio Bravo.

Este entrenador nos inculcó que quien quería algo lo tenía que pelear duramente y yo junto con casi  toda una generación vimos y entendimos que para triunfar teníamos que salir de la isla. Nuestra meta era ser seleccionados para formar parte de los elegidos que el Estado tutelaba en la Residencia Joaquín Blume.

Yo lo conseguí en el año 1990,  con 20 años,  justo después de haber cumplido con el servicio militar (de esto ya hablaremos otro día).

Un CAR,  Centro de Alto Rendimiento Deportivo,  es la instalación deportiva cuya finalidad es ofrecer al deportista de alto nivel las mejores condiciones de entrenamiento posibles. Allí además, un deportista tiene su espacio en una residencia con otros deportistas y se le tutela para que reciba una formación educativa.

Hoy en día,  los CAR y los Centros de Tecnificación Deportiva están repartidos por muchos puntos de la geografía española pero antes estaban centralizados y sólo podías ir a Madrid o Barcelona. Ahora hay muchos centros destinados al atletismo y otros deportes difuminados por España,  y si no son CAR,  son Centros de Tecnificación. Ya no es tanta la obligatoriedad de tener que dejar toda tu vida para apostar por el deporte.

Nunca olvidaré el día que dejé mi “roquita” para irme a Madrid. No sé si por el hecho de la insularidad,  pero me resultó muy difícil dejar mi vida en Mallorca. En aquel momento dejaba pareja, amigos y una relación muy estrecha con mi familia. Pero, perseguir el sueño que día tras día, noche tras noche, rondaba por mi cabeza, era más fuerte que cualquier otra cosa.

Hay momentos en que la vida te pone en situaciones difíciles que tienes que afrontar y es entonces cuando descubres cómo es la gente de verdad.  Los que crees que son tus amigos, no lo son tanto, y aquella gente que no te lo esperas, da cualquier cosa por ti.  Eso lo vives en un CAR y en muchas otras facetas de la vida,  pero cuando estas lejos de casa,  sin los tuyos y sin tu familia, estos momentos no los olvidas nunca.

En el CAR convivíamos chavales de distintas edades. Cada día nos levantábamos para cumplir nuestra sesión de entrenamiento, y la mayoría de veces,  doble sesión, y compaginarlo con nuestra formación estuviéramos lo cansados que estuviéramos.

La dieta la teníamos controlada,  aunque eso,  como ya he contado en otras ocasiones,  nunca fue para mí un tema demasiado sacrificado.

Como os podéis imaginar el entrenamiento diario era muy exigente,  acumulando  como media  unos 150kms semanales.  Compaginar el plan de entrenamiento,  junto con el plan de competiciones más los compromisos formativos,  hacía que no visitáramos más que un par de veces al año nuestro hogar.

Un ejemplo de un día cualquiera para mi en la Residencia Joaquín Blume era el siguiente:

  1. 6’00 h Despertador
  2. 6’15 h  Sesión matutina e individual de entrenamiento (normalmente dos vueltas a un circuito alrededor del Rio Manzanares y muy cerca de la Residencia.  Aprox.  8/10 kms)
  3. 7’30 h.  Desayuno en Residencia
  4. Traslado con transporte público ( bus 46 hasta Moncloa, y metro líneas 3 y 1, hasta Tirso de Molina) donde cursaba mis estudios de Turismo
  5.  De 9’00 h  hasta  14’00 h.  Horario de estudios en la Uni.
  6. 14’00 h.  Regreso a la Residencia con transporte público.
  7. 15’00 h Almuerzo en Residencia.  Normalmente mi bandeja estaba reservada al llegar fuera de horario establecido.
  8. 16’00h Siesta y ponerse al día con tareas de la Uni. ( Eso no siempre se cumplía, jejej)
  9. 17’00h Sesión de Psicología deportiva
  10. 18’00h Entrenamiento conjunto con el grupo de entrenamiento. Pistas de atletismo,  Pabellón o Casa de Campo.  Dependiendo del tipo de entrenamiento a realizar. Sesión dura.  Al terminar la sesión normalmente pasábamos por la zona de recuperación, sauna y tanques de agua helada. ( Muchas risas)
  11.  21’00h Cena.
  12.  22’00h   Tiempo de charla.  En estas horas antes de irse a la habitación  o bien veíamos alguna peli,  o aprovechábamos para contactar con los seres queridos. No teníamos móvil y hacíamos colas eternas. Sólo había dos cabinas telefónicas.

Evidentemente no todos los días eran iguales,  pero es un ejemplo claro para ver que nuestro tiempo estaba bien ocupado.

Pese a ser nuestros años de juventud, las salidas nocturnas, fiestas y demás quedaban absolutamente limitadas e incluso restringidas.

A veces acababa los entrenamientos con vómitos o sintiendo el sabor a sangre en la boca pero sabiendo que eso me aproximaba un poco más a la marca que me clasificaría para la siguiente prueba.

Yo fui con 20 años, ya mayorcito, y se me hizo duro. ¿Podéis imaginar cómo viven esto niños y niñas de 15 años o incluso menos?  He podido ver como mucha gente con clase se perdía por el camino.  Sacrificando toda su juventud para lograr su sueño,  y os puedo asegurar,  que más del 90%  no lo consigue.  Hipotecando su niñez, juventud, amistades…  para luego, regresar a su sitio, y también sentirse desubicado y no querido por los suyos.

Este tema también es profundo y tenemos algunos casos que en ciertas ocasiones acaban drásticamente,  también podremos dedicar un día a profundizar sobre este polémico tema.

Después de haber vivido esta experiencia, tuve la oportunidad de vivir en primera persona la gestión de un Centro de Tecnificación. Puedo asegurar que la filosofía es GENIAL, es perfecta, pero por desgracia todo se corrompe cuando de por medio hay intereses políticos.  Mi paso por la gestión del Centro de Tecnificación, lejos de poder tener el manejo en mis manos y aportar nuevas ideas, quedó reducida a ser un simple empleado, marioneta que se movía acorde a las directrices de otros mandos.

En cualquier caso, para mí, todo este esfuerzo se vio recompensado.  He podido formar parte de la élite del atletismo de este país y he conseguido participar en muchas de aquellas pruebas con las que soñaba en mis días de máximo sacrificio en Madrid.

 

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7 thoughts on “Lo que sacrifiqué para llegar a lo más alto del atletismo

  1. Francisco González López. dice

    TONI TE MERECES LO MEJOR MUY POCOS LLGAN DONDE TU LLEGASTES CON EL SACRIFICIO QUE ESO CONLLEVA PIENSO QUE NO TE VALORALON COMO TOCA TE MERECES MAS. SIEMPRE SERÁS UN CAMPEÓN PARA TUS AMIGOS. UNA FUERTE ABRAZADA.

  2. Miguel Ángel Llompart dice

    Desde siempre te he admirado. Alabó los sacrificios que tuvisteis que hacer ,tus tiempos y marcas son espectaculares,curiosamente nadie de ahora en España se acerca ni de lejos a tus marcas.Eres y serás siempre un gran campeón deportivo y de la bida

  3. Juan Pedro Macias dice

    Felicitarte por tu entrenada. Ilustra perfectamente lo que significa sacrificio, esfuerzo, constancia, renunciando a pasar tiempo con familia y amigo. Todo por por seguir un sueño que nadie te puede asegurar cumplir. Enhorabuena por esa valentía y por el gran atleta que lograste ser

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