Cuando pueden contigo las series largas

El que compite en distancias como media maratón o maratón, debería haberse topado entrenando más de una vez con las series largas. Ese entrenamiento de series que es muy probablemente el más temido. Y que algunas veces acabas abandonando. ¿Cómo digieres abandonar un entrenamiento así? ¿Qué errores te pueden haber llevado ahí?

series largas correr

Las series en sí, por su exigencia, son un entrenamiento duro. De esos que te tiene unas horas antes en tensión sabiendo lo que te espera después.

Aunque seas corredor de fondo, también harás series cortas en algunas ocasiones. Me refiero a series de 400 o de 1000 metros. Estas series suponen una exigencia menos larga. Aunque sufras, es solo durante unos minutos y después viene el periodo de recuperación.

Pero en las series largas la agonía puede parecer eterna.

 

Obstáculos que encuentras en las series largas

 
Cuando hablamos de series largas en un corredor de fondo, estamos hablando de series de 3000, 4000 o 5000 metros en media maratón. Para maratón también serían esas pero además habría de 6000, 8000 o incluso 10.000 metros.

Si piensas en hacer distancias así a ritmos que te resulten altos, puedes hacerte una idea de la exigencia de la que hablamos. Porque lo que tienen las series es que no es hacer una vez 2000 metros, si no repetir esa distancia 3, 4 o las veces que sean. Y todas ellas con la misma alta exigencia.

Entonces las primeras repeticiones las puedes medio sufrir pero completar al ritmo previsto. Pero las últimas repeticiones ya se complican. Sin embargo, es en estas últimas repeticiones cuando te llevas el verdadero beneficio. Cuando estás exprimiendo a un cuerpo fatigado.

Ahí es cuando estás provocando a tus límites para obligarles a generar adaptaciones. Lo que viene a ser mejora de forma.

El mayor obstáculo que encuentras en un entrenamiento así, es conseguir acabarlo cumpliendo los ritmos.

En esas últimas repeticiones puedes notar como las piernas ya empiezan a no conseguir responder del todo. Como hay una mayor rigidez muscular o dolor (pero de esfuerzo no de lesión). Como la respiración es fuerte y parece que vayas a echar el pulmón.

Y como la cabeza empieza a decirte si de verdad esto merece la pena.

Aquí viene el mayor obstáculo, el vencer a tu cabeza.

 

Abandonar y la sensación de después

 
Cuando no consigues girar ese pensamiento, cada vez se hace más fuerte. Si pronto no generas la creencia de que sí o sí tienes que hacer lo posible por completar lo mejor que puedas el entrenamiento, las series largas te vencen.

Entonces abandonas.

Puede ser que bajes el ritmo pero completes la distancia. O puede ser que te pares en seco y decidas acabar trotando hasta casa o incluso caminando.

Durante unos minutos sientes un gran alivio, pero al rato te sientes mal.

Las series largas son un tipo de entrenamiento especialmente relevante en la preparación de tu objetivo. Te dan la capacidad de sostener un ritmo alto durante un largo periodo de tiempo. Es uno de esos entrenamientos llamados de calidad.

Cuando eres consciente de esto, no mola haberlo abandonado. Empiezas a ver tu objetivo más lejos. También a aumentar tu capacidad de sufrimiento en carrera, llegarás peor preparado.

Las sensaciones te dejarán un poco taciturno o frustrado pero ojo, que hay que ponerle también un poco de cabeza fría. No todo se pierde en un entrenamient.

Fallar en un entrenamiento no va a condicionar todo tu objetivo. Pero sí puede hacerlo fallar con más frecuencia.

Y ahora te toca remontar esas malas sensaciones que te han quedado.

 

Superar malas sensaciones y recuperar el rumbo

 
Cuando algo sale mal, aumenta la probabilidad de que el siguiente intento lo afrontes con más inseguridad. Con más miedos. Así que, si un entrenamiento de series largas ya te ponía antes en tensión, ahora más.

Es normal.

Sin ser psicólogo ni saber si te puedo estar diciendo una burrada, te explicaré cómo afrontaba yo una situación así y que recursos utilizaba para superarla.

Lo primero que trataba de hacer era quitarme presión.

Para esto, enfocaba mi pensamiento diciéndome que solo se trataba de hacer 4 o 5 kilómetros a ritmo cercano a la maratón. Si podía hacer 42 kilómetros a esos ritmos, hacer menos con descansos intermedios no debería ser tan dramático.

Luego buscaba ponerme facilidades. Aquí te hablo de buscar un circuito lo más llano posible y hacerme con un aliado, alguien que hiciera el entrenamiento conmigo. No todo el entrenamiento, bastaba con que fuera la parte final y que así tirara de mí. Si no lo encontraba, le pedía a mi pareja que me acompañara en bici.

Si las series no salían como estaba previsto, me autoconvencía que el estado de forma no era cuestión de un solo entrenamiento, que el próximo saldría mejor. Normalmente acababa siendo así.

También miraba el conjunto del entreno, es decir, si tenía 5 series de 3kms y fallaba en las últimas, trataba de buscar siempre un punto de vista positivo. Por ejemplo, hacía la media de todas las series realizadas, las buenas y las malas, y casi siempre la media no estaba nada lejos de lo propuesto. Si resultaba que eso no daba una lectura positiva, trataba de enfocarme en ver que no había tirado la toalla, que había realizado el volumen planteado de inicio.

No te digo que haya que engañarse y conformarse con poco, pero si lo has puesto todo de tu parte y por lo que sea no ha salido, tampoco hay que machacarse por ello. Ayuda más poder sacar algún tipo de lectura que te anime a seguir avanzando e intentando otros entrenamientos frente a culpabilizarte en exceso.

Si no, quizá te estás empujando a dejar de intentarlo.

Las series largas importan, pero solo con eso tampoco arreglas una maratón ni una carrera de fondo. Tampoco tu vida. Sobre correr y la vida te podemos contar muchas cosas, incluso regalarte un ebook. ¿No te interesara eso?

Pues mira sí, eso me interesa
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