Caer lesionado antes de la carrera: ¿arriesgarse y competir?

Unos días antes de la carrera te ves lesionado. Te entran las mil dudas pero no acabas de descartar competir. Quizá el día antes de la carrera no te ves tan mal o con un poco de dolor podrías aguantar la competición. ¿Deberías o no competir? ¿Qué riesgos y consecuencias asumes?

carrera lesionado

Hacia el último tercio de preparación de una carrera llega la parte más delicada. Es donde el cuerpo arrastra fatiga pero todavía se le pide intensidad de entrenamiento.

Suele ser el momento donde es más fácil que surja una lesión.

El tiempo que queda entonces hasta el día de la carrera puede ser demasiado ajustado como para recuperarte del todo para estar bien ese día. Pero además, si lo consigues, ¿cómo llegarás de forma tras haber parado la preparación motivado por la lesión?

 

Errores que cometemos lesionados

 
Verse lesionado, para un corredor, es muy frustrante y decepcionante. Se te viene el mundo encima. No solo es que disfrutas de correr y quieres hacerlo casi cada día, sino que te entra la angustia viendo como se consumen días de tu preparación para un objetivo y no los estás aprovechando.

Esa cuenta atrás agobia.

Entonces el comportamiento habitual suele consistir en ir probándose cada poco a ver si ya no duele. Salir a correr con pequeñas molestias a ver qué tal, a ver si tras calentar eso desaparece.

Pero esto, en la mayoría de casos, no está ayudando a la recuperación sino haciéndola más larga.

En lugar de dejar que el organismo actúe recuperando el tejido o dejando que la inflamación baje, lo estás forzando y estresando haciendo que la inflamación suba.

Y sí, ya sabes esto. La explicación racional está muy bien pero al final nos dejamos llevar por nuestras emociones y por la angustia de sentir que estamos perdiendo forma.

Sin embargo, la forma se empieza a perder cuando han pasado alrededor de 10 días sin realizar nada de ejercicio. Si es una lesión más corta, ni lo notarás. Aunque pueda ser que no estés aprovechando ese tiempo para seguir ganando forma. Pero, ¿qué crees que es mejor: dejar de ganar forma o no llegar a competir porque la recuperación se ha alargado?

Aunque emocionalmente nos cueste, es mejor controlarse y permitir la recuperación. Incluso suele pasar que ese parón nos siente bien. Si de algún modo el cuerpo nos ha parado con una lesión, quizá nos está diciendo que necesitaba un respiro. Entonces ese parón le permitirá recuperarse en general e ir experimentando ya un cierto crecimiento muscular por efecto de la supercompensación.

 

¿Dolores fantasma o lesión?

 
Puede pasar que esa lesión o dolor no aparezca en el último tercio de la preparación sino ya en los últimos 10 días o semana antes de la carrera. Aquí podríamos estar hablando de uno de esos “dolores fantasma”.

Según se acerca la fecha de nuestro objetivo suele pasarnos que suben los nervios y la alerta. Lo cual puede ir acompañado de dolores o molestias que aparecen de la nada. Sin un movimiento brusco ni nada similar. Aparecen. Sin más. Aún cuando en esos últimos días deberías haber bajado considerablemente la carga de entrenamiento.

Una explicación de estos dolores es que sean una respuesta de nuestro cuerpo por ese estado de alerta. Como una cierta respuesta de nuestro cerebro que ya se teme que le espera un gran esfuerzo y trata de disuadirnos de ello.

Muchas veces pasa esto pero no siempre.

Puede darse también el caso de que realmente tengas una lesión. Por lo que sea, por toda la preparación que llevas o cualquier circunstancia, ésta aparece. Entonces ya no es lo mismo. En este caso, hay que valorar mejor si deberías o no competir.

En el caso de un “dolor fantasma”, lo normal es que cuando llegue el día de la carrera o uno empiece a competir, este desaparezca. Una vez das la primera zancada, el miedo se diluye y con él todas sus consecuencias.

Puede haber casos en que distinguir si estás ante una lesión real o no, resulte difícil. La prueba más fehaciente que haría descartar la opción de competir es que haya algún tipo de evidencia médica (radiografía, ecografía…) que demuestre que la lesión es real. Si se ve el daño, ya no es una molestia asociada a un estado de alerta que desaparezca cuando lo hagan esos nervios previos.

Los días previos a una competición es normal sentir más nervios e inseguridad, con o sin «dolores fantasma», y a veces aclarando dudas o consultando la estrategia puedes llegar algo más tranquilo a la línea de salida. En esos casos puede ayudarte nuestra consultoría deportiva con Toni Peña.

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¿Qué hacer con la carrera?

 
Si descartamos los “dolores fantasmas” y aceptamos que tenemos una lesión real producida en cualquier momento de la preparación, puede ser que lleguemos recuperados o no a la carrera. En algún caso casi recuperado pero no del todo.

Tu ilusión estaba puesta en ese objetivo desde hace meses. Llevas entrenando duro y haciendo reajustes de agenda y otros esfuerzos desde hace tiempo, con lo que verte lesionado y plantearte no competir, duele mucho.

Aquí suele producirse una reacción de negación o de tratar de convencerte de que igual puedes correr. Empiezas a generarte argumentos por aquí y por allí de que igual es posible competir.

Te niegas a aceptar el chasco de tirar meses de entrenamiento por la borda.

En este mundo de las lesiones, certeza de cuándo te recuperarás o en qué grado te puede afectar más o menos cómo actúes, no es una ciencia exacta. Al final la naturaleza de cada uno es distinta y puede llevarle a recuperarse más o menos rápido.

Puedes entonces decidir asumir ciertos riesgos porque no tienes la certeza de cómo te va a afectar en consecuencia. Aunque hay en casos en que las consecuencias pueden ser más evidentes.

Esto hace que puedas tomar diferentes posiciones frente a la carrera:

  • Decides competir aún lesionado aceptando que te retirarás cuando aumente el dolor.

     
    Si la lesión no es tal que te impida correr, tomar esta decisión puede ser una manera de permitirte disfrutar algo de esa carrera que te ilusionaba.

    El riesgo al que nos enfrenamos aquí es a saber parar a tiempo y a lo que venga después. Es decir, si ya has decidido correr lesionado, puedes pensar que eso no ayudará mucho a la recuperación de la lesión. Es probable que tengas que aceptar que posteriormente te veas un tiempo (más o menos según el caso) sin literalmente correr nada por recuperación. Cuanto más hayas forzado la lesión y según las circunstancias de la misma, quizá te estés enfrentando a meses de parón después.

    Un agravante añadido es que cuando corremos con dolor, aunque sea un dolor leve, instintivamente modificamos nuestra postura al correr para reducir esa sensación de dolor. Buscamos pisar de otra manera o hacer alguna variación que nos lleve a sentir menos molestia. Con lo cual, con este cambio, podemos estar sobrecargando o forzando otra parte del cuerpo y crear una nueva lesión por otro lado.

    Otra cosa que pasa es que una vez metido en el ambiente de la carrera y con toda la ilusión que llevabas, pararse a tiempo es difícil. Aunque digas que cuando te empiece a doler un poco más paras y te retiras, no sería tan raro que luego te emocionaras e hicieras más distancia de la que realmente deberías haber hecho. O incluso que te vieras terminando la competición.

    Tampoco te ayudaría infiltrarte o tomar algo que hiciera desaparecer o reducir mucho el dolor. Aunque el dolor no lo percibas, la lesión sigue estando y estarás agravándola con el esfuerzo.

  • Compites solo los primeros kilómetros y luego te retiras.

     
    Esta solución sería algo más suave y en principio menos perjudicial que la anterior. Consistiría en determinar que no te basas en el grado de dolor para retirarte sino que ya tienes de partida definido hasta dónde correrás. Por ejemplo primeros 2 o 5 kilómetros.

    Así estarías disfrutando del ambiente de la carrera, sintiendo esa cierta emoción inicial pero no poniendo en tanto riesgo tu lesión. Previsiblemente, aunque después puedas verte obligado a parar de correr o seguir pautas de recuperación durante un tiempo, no sería un periodo tan largo como el caso anterior.

    Lo difícil en este caso es no dejarse llevar por la emoción y si has dicho que en el kilómetro 3 lo dejas, cumplirlo. Porque si luego no te duele tanto y estás ya metido en ambiente, no sería tan raro que te dijeras que no estás tan mal y puedes seguir un poco más. Entonces seguramente volveríamos al caso anterior con su periodo de recuperación más largo.

  • No compites.

     
    Este puede ser el camino emocionalmente más doloroso pero más prudente. El que probablemente consiga que antes te recuperes de tu lesión y pases menos tiempo sin haber dejado de correr.

    La manera de enfrentar esto puede ser asumir que renuncias a esta competición pero que enfrentarás otra próxima. Claro que tendrías que asegurarte de llegar a la siguiente bien recuperado. Pero si ya tienes una estimación del tiempo de recuperación que necesitarás, luego se tratará de retomar los entrenamientos tratando de subir ese punto de forma que puedas haber perdido.

La elección de un camino u otro depende de cada uno. Racionalmente puede parecer insensato competir cuando no estás bien, y a efectos prácticos seguramente lo es. Pero cuando entra en juego el factor emocional, ya cada uno tiene que asumir lo que está dispuesto a arriesgar y lo que le reporta competir o no en esa carrera.

Antes de llegar a las vísperas de la carrera con molestias igual podrías haber hecho algo mejor. O no. Pero por si acaso, tenemos un ebook gratuito de consejos de Toni Peña a un corredor popular.

Me interesa (por si acaso)
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