¿Has tenido la sensación de sufrir lesiones en el peor momento? (Parte II)

Por Toni Peña Toni Peña

Durante mi carrera como corredor he convivido con múltiples lesiones y éstas no acostumbraban a llegar en muy buen momento prescisamente. Aunque es cierto que cuando se es más joven, uno se recupera antes. Sobre todo la fase de LUCHA después de una lesión es mucho más vigorosa cuando se es joven.

Recuerdo que siendo junior de segundo año, en un entreno de skipping, la rodilla se me quedó bloqueada. No podía estirarla. Como pude, conduciendo más mal que bien, acudí al trauma. Rotura y desplazamiento del menisco interno de la rodilla izquierda.

Por aquel entonces todavía no se estilaba la artroscopia, por lo que se me realizó cirugía abriendo la rótula para extraer un trozo de menisco. Lloré lo que no está escrito, tenía en pocos meses el Campeonato de España Júnior de 10kms en Mendizorroza, Vitoria. Tras un buen trabajo de los médicos y sobre todo de mi rehabilitador y mucho, mucho, mucho sacrificio por mi parte me planté en el Campeonato quedando segundo de España. Ni los médicos se lo creían.

¿Qué me movió a soportar tal intensidad y voluntad de trabajo? Claramente fue la juventud y la posibilidad de realizar un sueño. El hecho de poder ser becado en la Residencia Blume de Madrid pasaba por tener un buen resultado en el Campeonato de España, nada más salir del quirófano ya estaba haciendo isométricos para recuperar cuanto antes la rodilla.

Estas anécdotas no me hacen ser diferente a los demás corredores. Seguramente hay miles de vivencias tan sufridas o más que las mías pero lo que quiero constatar es que las lesiones, las sufrimos todos, desde el más popular al más profesional de este deporte.

En otra ocasión, preparando la maratón de Ámsterdam, sufrí una de mis comunes fracturas de stress en el segundo metatarso meses antes de la cita. Como sabéis, ésta lesión requiere varios meses sin correr, sin poder realizar impacto alguno. Pero como yo quería exprimir todas las posibilidades, me pasé los dos meses entrenando como si no estuviera lesionado, realizando Running Pool o carrera en el agua. Evidentemente sin apoyar el pie en el suelo. Hice casi todo el entrenamiento como si no estuviera lesionado. Es decir, hice rodajes, series, fartleck y demás en la piscina y en el mar. Es fácil decirlo pero es una auténtica matada, tanto física como psicológicamente.  Pero conseguí lo que pretendía. Durante estos meses no perdí la forma y cuando tuve el alta médica, en poco tiempo recuperé el tono muscular necesario. Pude realizar una muy buena maratón en Ámsterdam.

Estas dos anécdotas acaban positivamente ya que al final se conseguía el objetivo planteado, con una dosis extra de sufrimiento, pero al final se conseguía. Ojalá siempre fuera así, pero no siempre lo es.

Recuerdo que estando en una concentración en Teruel previa al Campeonato del Mundo de Maratón de París, tenía un dolor insoportable en la cadera izquierda. Pero como el médico me dijo lo que quería oír (por mucho que corras la lesión no irá a más) no paré, ya que tampoco me lo podía permitir. No se es seleccionado cada día para un evento como este. Y pasó lo que tenía que pasar, ¡fractura de estrés! Mi cadera no pudo soportar los 250 kms semanales que le estaba exigiendo.

Ahí recuerdo perfectamente todas las fases por las que se pasa cuando se está lesionado. No me lo creía. Tenía que encontrar solución. Ni los médicos de Madrid ni Palma me la dieron. Como no existió solución que me satisfizo, vino la depresión. Superados los días/semanas de tristeza luego vino la lucha. Y pronto se plantearon nuevos retos.

Pero ese Campeonato fue muy doloroso. Toda mi familia y algunos amigos iban expresamente a París a verme triunfar. Me sentía en deuda con ellos. Como veis no sólo se soporta la carga de la lesión, para colmo hay que soportar el qué dirán.

Para concluir deciros que no es natural correr por correr 42kms y más aún haciéndolo a ritmos muy elevados. El cuerpo hay que prepararlo, entrenarlo, acostumbrarlo. Si además sumas la edad que tengas, el hecho de tener que dedicar un tiempo al trabajo (si se tiene), más familia, compromisos y demás; entra dentro de la normalidad que el cuerpo se lesione. Es doloroso, pero hay que saber a convivir con las lesiones.

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