¿Hasta dónde cumplir con el plan de entrenamiento?

Sin poner en duda la importancia y necesidad de un plan de entrenamiento, también creo que no siempre hay que seguirlo a rajatabla. Esto implica que también es necesario saber actuar el día en que estás cansado por una jornada dura de trabajo, o arrastras un constipado o medio lesión. ¿Qué puede indicarnos que quizá es más conveniente no cumplir con el plan de entrenamiento? ¿Cómo podemos adaptar el plan a nuestras circunstancias?

cumplir con el plan de entrenamiento

Considero que seguir un plan de entrenamiento es fundamental para llevar una progresión en tu rendimiento que te haga llegar a tu pico de forma en la fecha deseada.

Igualmente, pienso que la mejor opción es dejarse guiar por un entrenador, pero también creo que el corredor debe tener la última palabra. Al final es uno mismo quien sabe cómo se encuentra realmente.

Quiero decir con esto que la comunicación y seguimiento continuo del entrenador sirve para mucho pero en última instancia, es el corredor el que sabe si tiene algún dolor, molestia o exceso de fatiga, por ejemplo. A veces, querer ser demasiado estricto en el seguimiento del plan puede traer más inconvenientes que ventajas.

La fluida comunicación con el entrenador permite hacer una serie de ajustes en el plan de entrenamiento pero las sensaciones de cada día, quien las tiene es el corredor.

Obviamente el plan está pensado para sacar lo mejor de uno mismo pero también, y hablando de corredores populares, hay otros factores de la rutina que pueden influir en el rendimiento de cada uno.

Si vienes tocado por un intenso día de trabajo o algún altibajo emocional, igual no es el mejor día para hacer el entrenamiento de series que tenías programado, por ejemplo. Incluso que el cuerpo ya llegue lastrado a ese entrenamiento podría ser más contraproducente que beneficioso. Si no estás preparado para esa carga quizá acabes lesionado o te veas teniendo que parar el entreno antes de tiempo o lejos de cumplir con los ritmos marcados.

En casos así, creo que es mejor que uno mismo valore y pueda tomar la decisión de intercambiar ese entreno más duro por otro más suave que tuviera otro día de esa semana, por ejemplo. O mover el día de descanso a ese día en que te ves más flojo o, rebajar la intensidad de ese entrenamiento.

 

¿Qué síntomas nos pueden marcar la necesidad de adaptar el entrenamiento?

 
Siempre puede haber una delicada línea que separa la verdadera necesidad de aflojar entrenando con la pereza. Romper esta barrera creo que es más cuestión de conocerse a uno mismo que de otra cosa.

A veces sientes que no tienes ganas de hacer nada y sólo pensar en salir a entrenar te desencaja por completo. Sin embargo, haces el esfuerzo, sales y te encuentras con que vuelves mucho mejor de energía y de ánimos. Esto probablemente sería algo que tiene más que ver con la pereza que con una verdadera necesidad de ajustar el entrenamiento.

Distinto sería que estuvieras sintiendo alguna molestia en cierto músculo y pensaras que igual deberías rebajar el entrenamiento de ese día o no hacerlo. Pero al final te decides por salir y cumplir rigurosamente el entreno. Aquí si es más probable que te hayas equivocado queriendo ser tan estricto y hubiera sido más recomendable pararte un poco y esperar a recuperarte.

Indicaría como algunas causas que pueden ponerte en alerta de la necesidad de adaptar o ser flexible a la hora de cumplir con el plan de entrenamiento, las siguientes:

  • Sentir algún dolor o molestia: puede ser el principio de una lesión y cuanto más fuerces, más puede empeorar y más larga ser la recuperación. Sería más conveniente darte algún día de margen o reposo a ver cómo evoluciona, que seguir dando caña.
  • Arrastrar exceso de fatiga: hace falta provocar ciertos momentos de fatiga en el entrenamiento pero también conviene avisar al entrenador si uno se siente en exceso fatigado. Puede ser que se haya previsto una mejor asimilación de cargas de la que se está produciendo y sea más conveniente ajustar que pasarse y acabar en una posible lesión.
  • Caer con frecuencia enfermo: los entrenamientos intensos provocan una bajada posterior de las defensas durante unas horas, si estás pasando por un periodo de estrés o no te has acabado de recuperar bien de alguna enfermedad, igual seguir con este tipo de entrenamientos te merma más que te ayuda.
  • Sentirse enfermo: si estás tan enfermo como para no poder entrenar, está claro que no hay duda de que te vas a saltar el plan. Pero a veces estás empezando una gripe o algo y te sientes cansado pero sin atribuirlo a enfermedad, igual conviene pararse a pensar si pudieras estar enfermo y rebajar el entrenamiento para no complicar más la cosa cuando se produzca la bajada de defensas post-entrenamiento.

 

¿Cómo es mejor que adapte mi plan?

 
Qué adaptación hacer o no al plan dependerá mucho de cada caso. Es difícil establecer reglas genéricas porque por un lado, cada uno es un mundo y vive con circunstancias diferentes. Por otra parte, son diversas las situaciones que pueden surgir que te obliguen a adaptar el plan.

A modo indicativo, podría decir que salvo dolor o enfermedad manifiesta, creo que es mejor rebajar el entrenamiento pero hacer algo, que no hacer nada. Quizá luego te encuentres mejor de lo que esperabas porque tu malestar era más una cuestión mental que real. Incluso si empiezas más suave pero luego te ves bien, podrías acabar por completar el entrenamiento como correspondía.

Pero si claramente tienes un dolor que va más allá de la molestia, bien antes de empezar a entrenar o aparece durante el entrenamiento, para en cuanto puedas. Ahí si apostaría más por algún día de descanso antes de volver a entrenar a ver si con suerte es sólo una sobrecarga o similar que se recupera rápido. Si fuera algo más grave, también parar cuando sentimos los primeros síntomas de dolor favorecerá no agravarlo más.

En cuanto a los constipados, soy más partidario de al menos entrenar si no llega a ser una gripe o no te encuentras fatal, aunque sea variando el entrenamiento. Creo que un rodaje hasta que uno rompe a sudar puede venir incluso bien. En estos casos se podrían sustituir los entrenamientos más duros (sobre todo si te costara respirar) por rodajes más suaves pero seguir entrenando.

 

Cuáles son los riesgos de ser estricto siguiendo el plan de entrenamiento

 
Un plan de entrenamiento debe ir ajustándose a la evolución del corredor y su capacidad de asimilar el entrenamiento. Esto permitirá sacar lo mejor de cada uno además de reducir el riesgo de lesiones.

Partiendo de que cada corredor es diferente y sus circunstancias también lo son, pretender que un mismo plan de entrenamiento funcione para todo el mundo no me parece muy factible.

Si cogieras ese plan estándar y lo siguieras estrictamente sin valorar ni cómo asimilas el trabajo, ni si un día estás un poco enfermo o con molestias; es mayor la probabilidad de que acabes lesionado, con sobrecargas o desanimado que sintiendo que tu rendimiento mejora.

Por esto creo que un plan de entrenamiento debe tener la capacidad de adaptarse a cada uno. Pero por otra parte, el propio corredor debe poder contar con la libertad de tomar decisiones sobre el mismo y regular cuando lo sienta necesario.

Además de que el entrenador ya vaya personalizando el plan al corredor, también vendrá bien por su parte una adaptación al mismo según lo que le transmita el corredor. Es decir, si en algún momento siente que está llevando demasiada carga o nota molestias de una posible lesión, el entrenador podrá reajustar los entrenamientos.

Pero por otra parte, cuestiones más propias de días puntuales como que empieces a sentirte medio enfermo o arrastres mucho estrés o agotamiento de un día duro de trabajo, ahí debe ser el propio corredor el que lea las circunstancias y regule.

Querer cumplir con el plan entrenamiento programado cuando el momento te indica que no estás para tanto, puede llevarte a acabar lesionado ese día porque le estás pidiendo al cuerpo más de lo que en ese momento puede dar, enfermar o acumular una fatiga o cansancio exagerado que te impida continuar entrenando días posteriores.

A veces es mejor ser flexible y saltarse un día de entrenamiento o suavizarlo, que querer cumplir con todo. Ese cambio de entrenamiento puntual puede permitirte seguir el día después con tu plan según lo programado y evitarte arrastrar varios días de ir renqueante sin poder completar bien los entrenamientos o tener que parar por lesión.
 

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